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Detrás: Baltazar Hospina, Rodrigo Valera, Mauricio Trisano y Cristóbal Hospina. Delante: Alejandro Valera y Diego Trisano.

 

En las canchas de squash de nuestro Club de Regatas “Lima”, el talento no solo se forma: también se hereda, se comparte y se vive en familia. Así lo demuestran los hermanos Valera (Rodrigo y Alejandro), Trisano (Diego y Mauricio) y Hospina (Baltazar y Cristóbal), quienes, desde distintas categorías formativas, reflejan cómo el deporte puede convertirse en un lenguaje común dentro del hogar.

Alejandro Valera, de apenas nueve años, lo resume con naturalidad: “Empecé a practicar squash porque vi que mi hermano lo hacía. Practiqué y me gustó”. A su lado, su hermano mayor, Rodrigo, de 15 años, confirma una evolución que va más allá del juego: hoy compite con objetivos claros y exigentes dentro de su categoría. “Cuando compito, busco lograr una medalla”, confiesa. 

 

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Ale y Rodrigo Valera.

 

En el caso de los hermanos Trisano, el vínculo con el deporte también nace directamente desde casa. Diego recuerda: “Quise entrenar squash porque mi papá jugaba. Él me enseñó a jugar y me gustó”. Mauricio añade cómo ese acompañamiento ha sido clave en su crecimiento: “He ido mejorando un montón gracias a la constancia y los entrenamientos”. Ambos coinciden en que la rapidez y la toma de decisiones son dos de los aspectos más destacados de este deporte.

 

Diego y Mauricio Trisano.

 

Para los hermanos Hospina, en tanto, la historia combina tradición y descubrimiento. Baltazar nos cuenta que sus padres, quienes practicaron squash durante su etapa universitaria, decidieron inscribirlo en la academia del Club: “Me gustó desde el inicio… por la emoción que me da el deporte y porque en la academia conocí a mucha gente”. Su hermano Cristóbal, en cambio, llegó al squash tras probar otras disciplinas. “Yo jugaba básquet, pero después me metí al squash con mi hermano, que ya lo practicaba”, nos dice. “Siento que es muy bonito formar parte de un mismo equipo”, agrega. Sin duda, la combinación entre competencia y compañerismo es uno de los pilares de las categorías formativas.

 

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Baltazar y Cristóbal Hospina. 

El rol de los padres también resulta determinante, no solo como impulsores iniciales, sino como soporte permanente. Desde acompañar en torneos hasta asumir sacrificios económicos, su presencia es esencial en el desarrollo de los jóvenes deportistas. “Valoramos mucho el sacrificio de nuestros papás, así como nosotros nos esforzamos por cumplir de la mejor manera con los entrenamientos”, dice Baltazar.

Finalmente, todos comparten una misma proyección: seguir vinculados al squash a largo plazo. Los seis representan el espíritu del semillero celeste: familias que transmiten valores, niños que crecen en el deporte y una comunidad que se fortalece dentro y fuera de la cancha.